“Me gustaría poder hacer un máster de Community Manager en la Universidad”

Una joven sevillana con discapacidad cuenta su experiencia en el ámbito educativo. La entrevista se enmarca dentro del proyecto Empower Youth Without Limits, cofinanciado por el programa Erasmus + de la Unión Europea

14/04/2020 (FAMS-COCEMFE Sevilla)

En la sede de la Federación Provincial de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Sevilla (FAMS-COCEMFE Sevilla) se entrevista a Virginia Lozano, de 22 años, en la mañana del 2 de marzo de 2020. Una joven estudiante, llegada a la entidad para realizar sus prácticas académicas del cuarto año del grado de Administración y Dirección de Empresas. “Ya me planteo terminar el año que viene y me gustaría poder hacer un máster de Community Manager en la Universidad Loyola Andalucía. Tengo espina bífida, que me hace estar en silla de ruedas, pero afortunadamente no me limita la discapacidad en mi día a día, o para el desarrollo de actividades ordinarias”.

En esta entrevista con FAMS-COCEMFE Sevilla, se le plantea que en la ‘Estrategia Europea sobre Discapacidad’ 2010-2020 se recoge que, en el grupo de edad entre 16 y 19 años, la tasa de personas con limitaciones importantes que no prosiguen sus estudios se sitúa en el 37%, frente a un 25% de las personas con ciertas limitaciones, y un 17% de las personas sin limitación alguna. Continuamente se encuentran barreras desde el acceso académico hasta el laboral, por lo que su independencia se ve muy reducida. Las empresas siguen asociando la discapacidad con la escasa productividad, la dependencia y los costes.

Pregunta. ¿Es realmente cierto esto o son solo prejuicios? ¿Cómo ha sido tu educación?

Respuesta. Intenté entrar en un colegio en frente de mi casa, no voy a decir su nombre, con 3 años, pero la directora que había en ese momento, les dijo a mis padres que no quería personas con discapacidad en el colegio porque daban muy mala imagen. Por lo tanto, no me quedó otra que ir a una guardería desde los 3 hasta los 6 años, cuando se entraba en primaria, y edad con la que daban puntos por tener discapacidad, cercanía al domicilio… Gracias a esto pude entrar y estar hasta cuarto de la ESO. En primaria, me fue bastante bien con mis compañeros/as, pero luego, en la educación secundaria, empecé a sufrir rechazo por parte de ellos/as. No se metían conmigo, pero me desplazaban, no estaba integrada para nada. A raíz de un proyecto para ir al Parlamento, me dijeron que iba de ponente, luego de suplemente… llegué a mi casa agobiada, mi padre habló con la profesora, y a raíz de eso los/as docentes también empezaron a hacerme el curso académico muy difícil. Por lo que yo acabé con ataques de ansiedad, yendo al psicólogo, tomando medicación… Ahora lo tengo controlado porque estoy en cuarto de carrera y ha pasado bastante tiempo, pero me desencadenó problemas graves. Me cambié a la Academia Preuniversitaria de Sevilla, y me fue súper bien. Era otro ambiente totalmente distinto, normal, en el que yo era una persona “normal”. Se me trataba como lo que era, una persona. Antes era: no cumples los requisitos de guapa, delgada, hija de… No te aceptamos. Y ahora estudio en la Universidad Loyola de Andalucía que me va estupendamente también. 

 

P. ¿Has estudiado en el extranjero?

R. He estado dos veces de Erasmus, lo cual es bastante extraño en personas con discapacidad. Supongo que por desconocimiento de las ayudas que existen o porque a veces éstas no son suficientes. Se exige que tengas un grado de discapacidad de más del 75%. Por lo tanto, un presupuesto de una cantidad limitada más ese porcentaje de discapacidad, no cubre las necesidades básicas que tenemos personas con tal grado de discapacidad. Es muy difícil irte. Hay que tener recursos económicos para tener una asistencia personal, que es cara.

He estado en dos países distintos. En Noruega en 2017, donde la asistencia personal era gratuita, así que genial. Yo solo tenía que gastar lo mismo que un/a estudiante que se va fuera. Me pusieron también una silla eléctrica gratis, porque mi silla no estaba adaptada a la climatología noruega. Cosa que no sucedió en Reino Unido. La asistencia costaba unos 8.000 euros los cuatro meses, más la silla de ruedas que tuve que pagar. Quise ir a Newcastle (Inglaterra) en 2018 y tuve que rechazarlo porque no podía permitirme eso, más el coste de la universidad privada, la silla..., pero con las ayudas que fui pidiendo finalmente he podido hacerlo.

 

P. ¿Conseguiste esa información por tu cuenta, por alguna asociación, la propia universidad, etc?

R. La propia universidad ha jugado un papel fundamental para que yo pueda ir. Ha contactado con las universidades de destino, asociaciones de asistencia personal… todo lo que es la acomodación y que la universidad estuviese adaptada. Con respecto a las ayudas, puede conseguir ponerme en contacto con distintas entidades gracias a que fui ponente en el I Congreso Internacional de Asistencia Personal.

 

P. Tras estar estudiando en el extranjero en varias ocasiones, ¿qué piensas del sistema educativo de España comparado con los países en los que has estado? ¿Crees que es un país inclusivo?

R. Yo he estado en un colegio extranjero, por lo que no sé si es por el hecho de ser la universidad, el sistema educativo es más práctico que aquí. Había más trabajos en grupo. En la Universidad de Newcastle hay sociedades de estudiantes y se hace mucha más vida que en España. Tienen un concepto de universidad destinado hacia la “vida en la universidad.”

 

P. En España, apenas el 3% de los/as jóvenes con discapacidad acceden a la educación superior, según los datos recogidos por el Observatorio sobre Discapacidad y Mercados de Trabajo en España (Odismet, noviembre 2018). De este modo, el acceso de ellos/as a la educación superior se encuentra diez puntos por debajo de la tasa de estudios superiores que presentan los/as jóvenes sin discapacidad. ¿Cuál crees que es la causa?

R.Creo que es por diversos factores. Primero, porque si a muchos/as les pasa como a mí, que sufren rechazo por su discapacidad, cuando terminan la enseñanza obligatoria deciden no seguir lidiando con este tipo de situaciones, y seguramente abandonen. Y también influye el ambiente familiar, es decir, que la discapacidad esté normalizada en él, que no te pongan impedimento a la hora de estudiar, y que te digan que no puedes, porque a veces queremos sobreproteger a las personas con discapacidad, cuando en la mayoría de los casos lo que se necesita es un impulso porque cuanta más formación tengamos más fácil será el camino hacia una vida independiente.

 

P. ¿Te planteas marcharte al extranjero en un futuro?

R. No sé si tendré más oportunidades en el futuro, pero a mí me gustaría irme fuera. Quiero hacer un máster de Community Manager en la Universidad Loyola Andalucía, universidad en la que estudio, y si posteriormente se me da la oportunidad de trabajar fuera, no dudaría en hacerlo.

 

P. ¿Qué les dirías a las empresas que no quieren contratar a personas con discapacidad porque piensan que suponen muchas complicaciones?

R. Primero, decirles que si contratan a una persona con discapacidad reciben ayudas, por lo que les beneficia. Por otro lado, no creo que en el siglo en el que estamos, eso deba suponer ningún trastorno, siempre y cuando esa persona esté preparada. Si yo tengo el mismo currículum, por qué me vas a rechazar a mí por tener una discapacidad y vas a coger a otro/a si, a lo mejor, incluso estoy más formada que esa persona.

 

P. ¿Crees que tenéis que estar doblemente preparadas que cualquier otra persona para que os den una oportunidad?

R. Pienso que la mayoría de las personas con discapacidad no llegan a formarse por los impedimentos académicos. Pero si la empresa está fuera del mundo de la discapacidad y desconoce las ayudas, evidentemente se me verá como una carga. El/la empresario/a no me va a contratar.

 

P. ¿Piensas que faltan oportunidades en puestos de trabajo más relevantes, de mayor poder?

R. Claro, y más si la persona en cuestión se encuentra en una situación como la mía, mujer con discapacidad. Hay un doble problema. Si hablamos del techo de cristal, la mujer no está en igualdad; y si ya encima tiene una discapacidad… evidentemente, si me contratasen, puede que estuviese en un puesto inferior a la formación que he recibido. Aunque no digo que sea el caso de todas las empresas, pero en determinados casos las empresas deberían estar más informadas con respecto a la discapacidad, y ser objetivas para no dejar de contratar a una persona por el hecho de estar en una silla de ruedas.

 

P. ¿Cómo afecta esto a nivel personal?

R. Intento ser positiva y pensar que lo que estoy haciendo me va a servir en un futuro. ¿Es la realidad? Probablemente no. Me genera impotencia, puesto que debido a mi discapacidad tengo que hacer un sobreesfuerzo al estar sentada en la silla 8 horas, estudiando igual que otra persona. Además, me voy al extranjero, que pocos/as lo hacen. Me genera impotencia como mínimo, y en determinadas ocasiones, por duro que pueda sonar, me hace dudar de la sociedad en la que vivo.

 

P. ¿Qué mejoras te gustaría que hubiese a la hora de acceder al mundo laboral? 

R. Más conocimiento en las empresas, más información sobre la discapacidad, más normalización, más integración, etc. Hay que luchar por una plena inclusión, lo cual no quiere decir que haya que hacer una discriminación positiva. Yo no quiero que me traten mejor ni peor, tanto solo como la persona que soy realmente, todos somos diferentes, afortunadamente, y a mí una de las cosas que me diferencia de los demás es que, en lugar de andar, voy en una silla de ruedas, lo cuál considero que no debería ser algo relevante para poder tener la oportunidad de acceder al mundo laboral.

 

P. En FAMS- COCEMFE Sevilla se está realizando el proyecto Empower Youth Without Limits en el que tú participaste en la primera fase. ¿Piensas que estas iniciativas son útiles para facilitar la inclusividad laboral de jóvenes con algún tipo de discapacidad? ¿Por qué? 

R. Realmente, por lo que viví, sí. Se elaboró una lista de sugerencias para presentarlas a las autoridades políticas, proyecto en el que estoy trabajando ahora. Fue útil porque hablamos en primera persona, además de poder hacer partícipes a otros/as jóvenes, a través de experiencias como la mía, de que muchas veces lo que vemos como posibles “limitaciones” son muchas veces impedimentos que nos ponemos o que nos pone nuestro círculo familiar más cercano con la intención de “protegernos.”

P. ¿Qué mensaje le darías a jóvenes con discapacidad para que sigan luchando e ilusionados por el desarrollo de su carrera profesional?

R. Yo creo que debemos normalizar la situación. Si el mundo laboral es complicado y mucho más para las personas con discapacidad, por desgracia tenemos que esforzarnos el doble, pero si uno tiene constancia y se esfuerza, ¿por qué no lo va a conseguir? Y que tampoco se limiten a su entorno más cercano. Que no le limiten, que sean capaces de salir y tener otras perspectivas, que sean conscientes de hasta dónde son capaces. Llegar a destacar y conseguir el puesto laboral que mereces.

      

 

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